17/08/2020 Cristian Martínez

Cómo construir una relación virtuosa

En las relaciones humanas intentamos simplificar nuestras interacciones y como resultado con frecuencia logramos lo contrario. Las complejizamos, nuestras palabras difieren de nuestros actos, nuestros sentimientos son cuestionados incluso por nosotros mismos. Y lo más común es que en medio de esta revolución de pensamientos las emociones comienzan a ser cuestionadas e interpretadas pero de formas que poco ayudan a construir una relación virtuosa.

Hace un tiempo subimos un post en nuestro Instagram @wiseup.cl que en imágenes dábamos algunos pasos para crear relaciones virtuosas. Para ello clasificábamos a dos tipos de personajes en una relación NO virtuosa: ser el que persigue a la fugitiva o ser la pareja que huye y evitan cualquier tipo de compromiso.

Para entender bien este tipo de roles debemos comprender que podemos jugar en ambos roles, sin embargo tendemos a ser uno de ellos en las relaciones (no sólo amorosas), sino en todo tipo de relaciones interpersonales.

  • Ser la pareja fugitiva: 

Las razones de este estado tienden a guiarse a través del miedo, de experiencias que se han instalado como medidas de protección para no llegar a sentir lo malo que sentimos la vez que confiamos, según nuestro mono interior, demasiado. Es interesante recordar que todos tenemos un mono interior [lean el post de la introducción al mono] y este personaje se caracteriza por ver todo a través de las emociones, busca justificar la desconfianza, los miedos, la atracción, el miedo, la ira, y todo el espectro de emociones con experiencias pasadas o pensamientos futuristas de lo que podría pasar si intentamos confiar en alguien, sobretodo cuando las experiencias pasadas han sido dolorosas o no han terminado tan bien. Un acto simple puede desencadenar la creencia que estamos entrando a una cárcel voluntariamente de la cual no vamos a poder escapar, o la de necesitar tanto de esta relación que podemos creer que no podríamos soportar el abandono.

  • Ser la pareja que persigue:

Nuevamente las experiencias y pensamientos que están almacenados en nuestra memoria pueden alimentar a este paranoico mono; sintiendo que para estar seguros y completos necesitamos de una relación, de aferrarnos a ella sin importar el dolor que está provea, ya el alejamiento puede ser más doloroso. Muchas veces este tipo de pensamientos están alimentados de vivencias pasadas, incluso cuando éramos infantes y, por ejemplo, nuestra mamá salía de puntillas para que no nos diéramos cuenta que se había ido, pues la intención era evitar nuestro llanto, sin embargo este ejercicio reiterado pudo generar la creencia que hemos sido abandonados. Y eso se repite cada vez cuando los patrones de comportamiento o, incluso, palabras se parecen a las ya vividas. «no quiero compromisos», «Necesitamos que la relación madure», etc. pueden ser detonantes de nuestro querido paranoico y ansioso mono.

CONSTRUIR UN VÍNCULO VIRUTOSO

La Coherencia y la Seducción.

Primero hablaremos de la coherencia entre lo que digo y las señales que envío.

Cuando las excusas abundan y lo mismo que las justificaciones, es una señal clara de que no estamos siendo honestos en ningún sentido. Ya que si hablo con convicción nuestras acciones desmentirán nuestras palabras. Por más devota, buena pareja, el ser amoroso, si la excusa en palabras es, por ejemplo, «si no te gusta ahí está la puerta», claramente se impondrá para dejar en descubierto nuestra incoherencia.

Existen dos caminos para definir nuestra postura: el del «sí» y el del «no». Esto es la base de nuestro albedrío. Esto es lo maravilloso de la Ambivalencia.

Cuando la incoherencia se hace presente, el pensamiento se hace indescifrable. Por lo que estaremos atormentados y estaremos gastando tiempo tratar de entender lo que no se puede entender y finalmente utilizaremos el prejuicio como herramienta defensiva.

 

Lo segundo es la seducción como promesa, la ilusión como dependencia.

El error de percepción se genera a partir de un acuerdo inconsciente entre quien envía las señales equívocas y quien las recibe y las acepta.

Cuando tratamos de seducir a alguien, tal como el pavo real, realzamos nuestros atributos y escondemos nuestras deficiencias, adornamos nuestra imagen y ocultamos todo lo que pueda ser reprobable. Esto es el Anzuelo.

Esto funciona, y debe funcionar, pero si lo hacemos de forma deshonesta con el correr del tiempo, y cuando aparezcan los desconciertos, surgirán los miedos que antes hablamos. Primero aceptaremos estos desconciertos o discusiones con una espera ilusionada, luego a regañadientes, mas tarde con resignación y, finalmente, con rabia. Y durante este proceso, uno se esforzará por aumentar la apuesta a la seducción y el otro se traga los anzuelos, sin animarse a esclarecer la situación o a poner límites. Hasta que se rompe el hechizo.

¿Entonces qué hacer?

Desarmemos la incoherencia

Entendamos que nuestro comportamiento se basa en cómo el humano logra gestionar a este mono que trata como primera necesidad de obtener lo que desea. Por lo que quizás tengamos creencias de que el compromiso es una especie de grillete o prisión. Si es así entonces debemos buscar entender el origen de esta fobia a comprometerse. O si somos los que creemos que necesitamos poseer a alguien para estar completos, también es necesario entender de dónde proviene esta creencia.

Somos seres que estamos programados para vivir en comunidad, para ser parejas, para amar y para ser amados.

Por lo que el primer paso será revisar nuestras creencias erróneas, sobre todo la identificación del compromiso con la esclavitud. De esta forma, quizás descubramos que el temor de quedar irremediablemente atrapados tiene que ver, en especial, con nuestra propia historia.

Cuando nos demos cuenta que somos presas de nuestro pasado, podremos estar en mejores condiciones para elegir nuevas creencias, nuevas formas de vincularnos y de construir con el otro. Un estilo de convivencia maduro, honesto, que garantice el grado de libertad que cada uno requiere.

Basado en el libro «Basta de excusas» (2016) – Graciela Hendlin

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