03/07/2020 Cristian Martínez

El Cansancio

Tenemos derecho a sentirlo

Casi siempre podemos decidir nuestro estado, pero el cansancio es algo que supera nuestro albedrío. Por más que deseamos no cansarnos éste llega y finalmente no podemos arrancar del él. A veces éste es físico, otras ocasiones puede sumarse el emocional, otras el cansancio es mental; pero cuando el cansancio llega no podemos hacer mucho para alejarlo.

Si poco podemos hacer para alejarlo de nosotros, porque castigarnos emocionalmente por sentirnos cansados, creyendo que lo mejor que podemos hacer es ignorarlo, negarlo u otro tipo de acción para evitar decir «estoy cansando», nos repetimos con pensamientos tan frios como: «no, no puedo estar cansado a estas alturas»; «soy débil, porque no debería sentirme así»; «debo ser más fuerte».

Estar cansados no es una debilidad

Es un hecho que todos en algún momento nos hemos sentido cansado. Pero no todos nos hemos autoimpuesto un castigo por sentirlo.

Muchas personas utilizan el cansancio con un sentido de progreso. Se exigen hasta ese punto, pues creen que si lo superan entonces serán mejores que lo que fueron antes de sentirlo. Esto se repite en los deportes, en la meditación, en la danza, el arte, el estudio y casi cualquier disciplina.

¿Cómo utilizo el cansancio a mi favor?

Lo primero que podemos hacer es aceptar que estamos cansados. Porqué no estarlo, avanzamos en esta vida, en nuestras rutinas, en crecer, en criar, en amar, en todos los sentidos. Esto agota nuestras energías físicas, mentales, emocionales y espirituales. No importa quién en haya estado en esta tierra, hay un registro de que estuvo cansado. Pero en los grandes humanos eso no lo limitó.

El cansancio no los limitó

Por lo tanto, debemos decidir qué hacer en ese instante donde el cansancio se hace presente. Podemos decidir dar un paso más. Podemos hacer una repetición extra. Podemos aguantar unos segundo más. Podemos confiar en que seremos sostenidos de acuerdo a nuestra fe. También podemos decidir detenernos y descansar para recuperar lo que necesitemos y darnos cuentas que nuestro espíritu es mucho más fuerte que nuestro cuerpo.

No podemos llegar a creer que descansar es abandonar la tarea, objetivo o meta. No podemos pensar  que estar cansado es rendirnos. No podemos, como dijo un amigo recientemente, «jubilarnos mentalmente»,abandonando nuestros sueños, nuestros deseos por mejorar, eliminar nuestras metas y estancarnos.

Tenemos derecho a sentirnos cansados, porque la vida cansa.

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