28/06/2020 Cristian Martínez

Mi Manada

Todos necesitamos de una

Ya que vivimos en sociedad debemos tratar a todos con respeto y amor, sin embargo instintivamente nos cuesta aceptar a extraños a nuestro circulo más íntimo. Pero hay personas a nuestro alrededor que las consideramos mucho más cercanos, sentimos que podrían protegernos, alentarnos y llegamos a creer que son parte de nosotros, parte de nuestra historia; las consideramos nuestra manada.

Si estuvieran entre la espada y la pared siempre podremos contar con ellos

Hay dos razones por la que queremos tener una manada:

  1. Nuestras emociones nos dice «necesitamos de una»
  2. Nuestros pensamientos nos dice «deseamos tener una»

Dado estas dos poderosas razones es que obedecemos a algunos instintos y razonamientos para formar una.

Escoger a nuestra manada no es siempre una tarea fácil, pues muchas veces nos dejamos llevar y rechazamos a algunos por nuestras primeras impresiones, ya que sentimos que podría ser una amenaza o las incluimos sin hacer ningún tipo de filtro pensando que todos pueden ser parte de ella. Creemos que aún vivimos en una jungla donde todo es un posible peligro, amenazados de engaños, vulnerables a las manadas enemigas, llenos de miedos a quedarnos solos porque no seríamos capaces de sobrevivir un segundo entre tantas amenazas. La buena noticia es que ya no vivimos en una jungla (al menos eso parece).

Pero debemos, también, estar conscientes de lo siguiente: Nuestras primeras impresiones, es que estas primeras impresiones están basadas en nuestros instintos y emociones que al hacer caso a éstas han servido para rechazar al enemigo, y así nos protegemos de ser dañados. Cuando somos conscientes que no todo a nuestro alrededor es peligro, y que vivimos en sociedad debemos arriesgarnos a dar oportunidades de cambiar esas primeras impresiones y dar chances a terminar siendo amigos inseparables de alguien que creíamos que jamás encajaría con nosotros. ¿Cuántas veces les ha pasado ésto?

Por lo tanto podemos ser mucho más razonables en nuestra búsqueda de una manada.

A veces necesitamos la ayuda de los demás para lograr tareas que solo no podríamos, eso no incluye peligro. Por lo que dentro de nuestra cabeza se escucha «está bien, podemos ser amables con los demás. Necesitamos a otros»

Equilibrar la necesidad y el deseo de formar manada

Nuestra manada la construimos nosotros, dando o quitando oportunidades de vínculos, de relacionarse, de conocernos y de acercarse a nosotros. Por lo tanto es imprescindible que la emoción y el pensamiento conversen para establecer límites para conformar una manada que satisfaga las necesidades de ambas partes.

Somos responsables de nuestra manada

Haz el siguiente ejercicio:

  1. Establece tu manada:

    • Redefine tu manda. Piensa quienes están realmente en ella. Haz una lista de los miembros de tu manada. Y una de las cosas más importantes es reconocer bien quienes no están en ella y porqué no están, porque a veces no es prudente, por ejemplo, decirles confidencias.
  2. Aclara los roles de los miembros de tu manada:

    • Que es lo que te ofrece cada persona de la manada, y que les ofreces a cada una de ellas. Poner las necesidades por escrito es un buen punto de partida.
  3. Invierte tiempo en la manada:

    • Cuando ya sepas quienes pertenecen a tu manda, dale de tu tiempo para relacionarte con ellos. Cuida de tu manada, porque cuando las personas se sienten ignoradas a menudo nos abandonan.

Has hecho algo recientemente por los miembros de tu manda. Un pequeño gesto, un saludo, visita, un llamado diario, semanal, mensual o incluso anual; dependiendo de las necesidades de ellos. Pero no la descuidamos.

Es la manada la que en los peores momentos te sostendrá, te ayudará y te salvará.

  • Comparte:
, , , , , ,