23/04/2020 Cristian Martínez

Y si cambiamos el juicio por la comprensión

Seamos consciente de nuestra imperfección

Hay un verso que me encanta y está dentro de mis  favoritos y se los comparto:

«Yo a nadie juzgaré; es imperfecto mi entender; en el corazón se esconden penas que no puedo ver». Lo que me encanta este verso es pues imaginar al mundo actuando con tal compasión y compresión que hace soñar instancias de amor puro, del ser genuino y la capacidad de sostener al debilitado creyendo que la desgracia la contrajo por que se lo merece.

Cada uno tenemos la capacidad de juzgar, claro que si. Si, puedo juzgar si me conviene tener este tipo de objeto que este otro, o de vivir en este lugar, o puedo juzgar incluso con quien quiero relacionarme. Pero les pregunto a ustedes, ¿tenemos el derecho de juzgar a otro ser humano? Podríamos juzgarlo sin conocer jamás lo que hay en su corazón, lo que ha sufrido, que es lo que lo a angustiado al punto de hacer aquello que puede ser terrible para nosotros.

¿Tenemos derecho a juzgar a otro ser humano?

Hemos sido tan perversos en nuestro juicios que hemos juzgamos, tan equivocadamente, que no podemos distinguir que es un amoroso abrazo de afecto real, de uno manipulador.

Hemos visto escenas dantescas en lugares imaginarios, hemos visto flores en lugares secos.

Ya que este es un tema muy complejo de explicar, trataré de ser lo más simple posible: entendamos que somos seres íntegros, llenos de amor, somos amor. Y nuestro interior esa esencia está creado de amor ¡es amor puro!. Por lo que estamos más diseñados a amar a los demás que a odiarlos, y el juicio acelerado, hacia los demás hace, que el flujo de amar sea interrumpido, y bloqueados por barreras (a veces reales) que ponemos a nuestras relaciones o nuestras posibles relaciones. Piensen cuando, después de haber ignorado esa primera impresión, se acercaron a alguien y conocieron a su mejor amigx ahora. Por lo que quiero preguntarles, que pasaría si en vez de juzgar más, o cada vez que tengamos la tentación de juzgar nos detenemos y comprensivamente – hacia nosotros primero – intentamos entender al otro e intentar comprender con simples preguntas que podrían, quizás así podríamos evitar guerras, peleas, miedos, distanciamiento.

Piensen, no tenemos toda la verdad.

Piensen, no tenemos toda la verdad. Somos miopes en ver el panorama completo, en una escena seguramente nos quedemos con la imagen más llamativa en vez de fijarnos en todo el contexto.

Si somos tan imperfectos, por qué no buscar ser una mejor versión de nosotros al evitar juzgar, estamos en medio de esta pandemia y sabemos que acabará y esperemos que los humanos que salgan de sus hogares, sean más comprensivos pues en ese futuro será necesario, muy necesario.

Hoy estamos en un mundo con un virus que nos tiene confinados en nuestros hogares, aprovechemos de meditar, de abrir barreras, perdonar, soltar, romper ciclos, de eliminar hábitos para mejorar nuestro futuro.

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